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Patagonia | 18.01.2021  

Gran cantidad de barcos extranjeros fueron detectados depredando el Mar Argentino

Fue el pasado martes 12 de enero. Según la organización ambientalista Greenpeace, son parte de los 500 barcos que llegan cada año a pescar calamar. “Son verdaderas ciudades flotantes”, los describieron. Depredan el recurso en la Zona Económica Exclusiva de nuestro país. Un tema complejo para el control estatal.

Fuente: www.diariojornada.com.ar

La cuestión no es nueva. La última denuncia fue en mayo de 2019 cuando una verdadera ciudad flotante de cerca de 400 barcos extranjeros pescaba en la Zona Económica Exclusiva de Argentina (ZEE). Es decir, dentro de las 200 millas. La organización Greenpeace dijo en aquella oportunidad, “esto parece incontrolable para las autoridades”.

Así como cuando se ven desde el aire las ciudades iluminadas por la noche, las imágenes satelitales de Greenpeace revelaron nuevamente una ciudad de buques pesqueros al límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, específicamente en el denominado Agujero Azul. Según la organización ambientalista, se pudieron identificar 270 buques este martes 12de enero.

Entre la oscuridad de la noche la luz que resalta en la satelital desde alta mar es tan notoria como la del Gran Buenos Aires. Desde el Agujero Azul, a lo largo de la plataforma continental patagónica, lugar que reúne un ecosistema marino único, Greenpeace monitorea la zona donde llegan más de 500 buques pesqueros al año para aprovechar el vacío legal de las aguas internacionales.

 

Irregularidades

La falta de regulación de las aguas fuera de la ZEE lleva a los pesqueros a incurrir en irregularidades como iniciar la actividad a partir de diciembre, fuera de las temporadas dictaminadas por el Consejo Federal Pesquero que considera las medidas de conservación y designa la operación para mediados de enero.

Según Luisina Vueso, Coordinadora de la campaña de Greenpeace por la protección del Mar Argentino, “estas imágenes muestran una vez más la urgente necesidad de proteger el Mar Argentino. Este año los gobiernos del mundo deben tratar en las Naciones Unidas el Tratado Global por los Océanos que permita la creación de una red de santuarios oceánicos en aguas internacionales, siendo el Agujero Azul parte de esta red. En complementariedad con este tratado, el cual Argentina ha estado impulsando y liderando en este sentido a los países de la región, existe un proyecto de ley para la Creación de un Área Marina Protegida Bentónica en el Agujero Azul, la cual sería una primera medida para asegurar la protección del Mar Argentino, su rica biodiversidad y sus ecosistemas. La sanción de esta ley está pura y exclusivamente en manos de nuestros Legisladores”.

 

Expedición en 2019

A través de su expedición por el Atlántico Sur, el barco Esperanza de Greenpeace llegó al Agujero Azul en 2019 y pudo evidenciar un descontrol pesquero al límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, donde encontró ecosistemas marinos devastados, contaminación, desregulación y violación a los derechos humanos. Desde entonces la organización monitorea la zona.

“La intensidad de la actividad pesquera establecida desde hace ya 50 años en esta región amenaza el hogar de animales en estado frágil y en peligro de extinción que se instalan allí para alimentarse pero se ven forzados a convivir con estos depredadores insaciables, los buques pesqueros. Además, la intensidad de esta práctica es tal que se evidencia un suelo marino devastado y contaminado por residuos que tiran al mar”, sostuvo Vueso.

“El de esos barcos es un ambiente y un tema complicado. Desde el momento en que se los captura comienzan problemas de difícil solución. Uno es el idioma. Cuando hay que interrogar al capitán, no tenemos traductor, Y a veces lo manda la empresa, lo que no es ninguna garantía. Además, en los barcos de origen oriental, las tripulaciones hablan en distintos dialectos. Puede haber 10 en un solo barco. Ni se entienden entre ellos”.

 

Capturas

El tema volvió a tomar dimensión el año pasado con la captura consecutiva de tres barcos (dos chinos y uno portugués) pescando ilegalmente en aguas argentinas. Es decir, dentro de las 200 millas.

Uno de ellos, que había escapado beneficiado por una tormenta, decidió “entregarse” y fue llevado a la rada de Puerto Madryn.

En las 200 millas hay una verdadera ciudad de barcos extranjeros durante todo el año. Se calcula que entre 350 y 400. Llegan a permanecer por esos remotos sectores del mar hasta dos años. Son en general de origen oriental. Hay barcos chinos y coreanos. Pero también rusos, españoles, ingleses y sudafricanos. Son tangoneros (los que pescan únicamente calamar) y de arrastre (pesca con red).

Se trata de barcos factorías. Congelan y procesan a bordo. Después traspasan el producto a otro que los lleva a los puertos de sus países o los desembarca en Uruguay.

 

Santuario

“Son verdaderos freezer flotantes. Y están depredando toda la zona que es un verdadero santuario. Porque los de arrastre no hacen ninguna selección. En ese corredor biológico hay orcas, ballenas, elefantes y lobos marinos y delfines. Todos caen en las redes”, dijo Luisina Vueso.

Los buques ilegales que ocuparon estas aguas venían tras la pesca de calamar. Se estima que estas embarcaciones pueden llegan a capturar 50 toneladas por noche y algunos barcos pueden llegar a medir hasta 70 metros de eslora.

“Las calles se vacían por el coronavirus, pero el mar se llena de barcos, algunos sin bandera para depredar nuestros recursos”, ironizó Vueso. Y reiteró que por medio de su campaña por la protección de los océanos, “reclaman a los gobiernos en la ONU retomar las negociaciones por el Tratado Global de los Océanos, postergadas por la emergencia sanitaria que enfrenta el mundo ante el COVID-19”.

 

Sin ley

Luisina Vueso calificó al lugar como, “el Lejano Oeste, aguas de nadie donde no existe ni se respeta ninguna ley. Hay tantos barcos que a veces se chocan entre ellos”, y dio otro dato, “comenzaron a proliferar los denominados “barcos tankes”, son los que llevan combustibles, enormes, verdaderas plataformas. Algunos repletos de petróleo. Los mandan a dar vueltas por los mares por la baja del precio. Pueden provocar un daño ecológico difícil de dimensionar”, agregó Vueso en sus declaraciones realizadas tras la expedición de mayo del año pasado, cuando la pandemia castigaba con intensidad.

Pero en alta mar, todo puede pasar. Con o sin coronavirus. La depredación del recurso ictícola parece no tener fin. Y su control resulta casi imposible.

Resta ahora aguardar la reacción de las autoridades marítimas, responsables del control de esta zona de alto valor económico.

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